CONTEXTUALIZACION

Por Moisés Chávez

En el hotel Alcázar se encontraba en 1961 alojado el doctor Juan A. Mackay en una de sus últimas visitas a Lima, poco antes de merecer las Palmas Magisteriales que le confirió nuestra nación. Yo me encontraba entonces cursando el cuarto año de secundaria en el Colegio San Andrés, y era director del periódico mural diario “Andresito”, por lo que me impuse la tarea de cubrir todas sus actividades en Lima, tanto en la Universidad Mayor de San Marcos (en la vieja casona donde él estudiara y fuera catedrático), como en varios otros lugares. Eran mis días maravillosos de periodista escolar, días que nunca más volverán. Entonces tenía 15 años.
Allí, en el lobby, me hablaba el doctor Mackay de su amistad con Víctor Raúl Haya de la Torre, con Miguel de Unamuno y con Antonio Machado, entre otros grandes del siglo pasado. A todos ellos cita a menudo en su extensa y multiforme obra literaria.
Tenía una especial valoración de la poesía de Machado, y cuando hablaba de su famosa analogía del balcón y del camino, mencionaba repetidas veces la frase por la cual es más conocido el poeta español: “Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar.”

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Muchos años después yo encontré en la Biblia una expresión similar que me ha hecho reflexionar: “La justicia irá delante de él, y hará de sus pasos un camino.”
La frase se encuentra en una estrofa del Salmo 85, a la cual la he denominado “el Himno de la Contextualización”. Y tenía en mente compartir mi reflexión con el Lic. Homero Calongos, que actualmente se encuentra trabajando en su Tesis de Grado con el título de “Teología Pastoral Contextualizada”, pero las preocupaciones de este mundo ahogaron mis planes. Ahora, desde Bolivia, cumplo con este propósito que comparto también con todos los que forman la comunidad de la CBUP, desde Texas, donde está Mario Alvarado, hasta la Patagonia, donde se encuentra el Pastor Paton..

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Dice Antonio Machado en la parte central de su poema:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino
sino estelas en el mar.

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El Lic. Homero Calongos, pastor de una iglesia de la Convención de los Bautistas del Sur en nuestro país, había propuesto en la CBUP escribir su Tesis de Grado sobre la Iglesia Evangélica como una “comunidad terapéutica”. Pero después, en el proceso de asesoramiento, afloró que tal tema sería solamente parte de una temática más amplia que él denominó “Teología Pastoral”.
Al comienzo me pareció que tenía en mente escribir una tesis que sirviese de manual de Teología Pastoral, y temí que fuera una versión más del curso elemental que se enseña en los institutos bíblicos con dicho título curricular, abarcando los consabidos capítulos del pastor y su llamamiento, el pastor y su familia, el pastor y su iglesia, el pastor y sus visitas pastorales, etc.
Poco a poco fue manifestando con mayor claridad su objetivo: Se trataría de una reflexión teológica centrada en la temática de la Teología Pastoral de manera contextualizada. Sería quizás la primera vez que un pastor evangélico latinoamericano escribiera sobre este tema sin parafrasear el contenido de los textos de Teología Pastoral escritos por norteamericanos y publicados por editoriales evangélicas de Estados Unidos, en los cuales al pastor evangélico se lo llama “ministro”, confundiéndonoslo con nuestros ministros de estado, de México para abajo, que a menudo destacan por verse empantanados en magistrales escándalos de corrupción.
—Respecto de esto de “ministros”, no se trata de un mero calco lingüístico. . . Se trata de algo peor: Es evidencia de aculturamiento. . .
—¿Una especie de contextualización al revés?
—¿No recuerdas como a todos los evangélicos se nos señalaba como agentes de la CIA en tiempos del gobierno revolucionario del General Velasco Alvarado? Injustamente, es verdad, pero realmente muchos de nuestros cholos hermanos más parecen yanquis que peruanos. ¡Si hasta tienen el acento country de Nashville!

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El trabajo del Lic. Calongos es pues un nuevo aporte a partir de la Plataforma Pastoral de la CBUP, confrontando el reto de ser auténtico e innovador.
Quizás por eso mismo, por ser innovador, por abrirse camino, su objetivo me trajo a la mente los versos del célebre poeta español Antonio Machado. Veremos a continuación que el mismo término “contextualización”, inserto en el título de su Tesis de Grado, constituye un neologismo que aún no aparece en los más importantes diccionarios. ¡Menos aun el concepto de “teología pastoral contextualizada”!
—¿Qué significa eso?
—Que ni siquiera es considerado un neologismo.
—¿Y qué significa eso?
—Que las diferentes disciplinas y ciencias humanas no han desarrollado aún el concepto que pudiese producir la contextualización. Porque el concepto y la ideología preceden a sus logros y conquistas.
—¿Y qué significa eso?
—Que existe un vacío en la elaboración conceptual respecto de lo que nosotros definiríamos como la puesta en contexto, cualquiera que sea la clase de contexto.
Es asombroso e inquietante el haber corroborado que para los académicos representantivos, los que tratan de “la función de la palabra”, como diría Denegri, no existe ni siquiera el concepto, menos el neologismo que lo expresa, y menos aun su realización.

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Lo que sí aparece es el término “contexto”, que el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academina Española (Vigésima Edición, 1984) define de la siguiente manera en su acepción básica: “Orden de composición o tejido de ciertas obras.”
La segunda acepción es: “Enredo, maraña o unión de cosas que se enlazan y entretejen.” —¡Qué enredo, qué maraña! ¿No?
La tercera acepción es formulada de manera aun más cojuda: “Serie del discurso, tejido de la narración, hilo de la historia.”
—Muy pobre la definición de un diccionario que se da aires de importante y pretende ser el instrumento directriz de nuestra lengua señorial.
—¿Por qué es pobre?
—Porque no despega de la analogía que da origen al término y a los conceptos derivados, la analogía textil.
Ya se ha indicado en las obras de hermenéutica y en los manuales de informática que la palabra “texto” proviene del latín textus, que significa “tejido”, y que se usó para referirse a un conjunto de letras que antiguamente se agrupaban sin espacio entre palabras, para comunicar algo. El aspecto visual de tal conjunto de letras les parecía a los antiguos romanos un tejido de hilos. La ciencia de la hermenéutica no ha podido sino recurrir al término analógico, y no podríamos hablar técnicamente sin recurrir al mismo: “Texto”.

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El diccionario inglés Webster’s New Collegiate Dictionary, que en el criterio de los expertos sobrepasa en actualidad y en exactitud informativa al Diccionario de la Lengua Española, también parte de la analogía del tejido y de la etimología, pero de una manera más documentada: Nos informa que proviene del latín com “juntamente”, y texere, “tejer”. Luego se proyecta a partir de la analogía, para dar en primer lugar su uso “escribal”, que ha sido el que se abrió camino hasta alcanzar ingresar como término técnico en la lexicografía de la hermenéutica y de la informática: “Weaving together of words”, o entretejido de palabras.
Las acepciones derivadas son mejor expresadas en este diccionario que en el Diccionario de la Lengua Española:
1. Las partes de un discurso que rodean a una palabra o pasaje y que pueden arrojar luz respecto de su significado.
2. Las condiciones interrelacionadas en que algo existe o ocurre.
Da un paso gigantesco en el desarrollo conceptual al dar la segunda acepción que nuestro diccionario español ni siquiera vislumbra. Inclusive da un sinónimo para remitir al lector a ampliar sus conceptos: ENVIROMENT, cuyo sentido más elemental es “el medio ambiente”.

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Pero, ¿acaso el concepto derivado, “contextualización”, no existe aún para los sabios cultores de la lengua?
¿Qué nos dice, por ejemplo el Diccionario Capelusz, editado en Argentina, y que destaca por incluir los neologismos, sobre todo los hispanoamericanos, que los miembros de la Academia de la Lengua son renuentes en admitir?
La Sra. Martha Hildebrandt se refiere en un documental de Alejandro Guerrero a don Ricardo Palma, el autor de las Tradiciones Peruanas, respecto de los neologismos que él propuso a la Academia de la Lengua y que ésta rechazó, sólo para reconocer décadas después que era imposible expresarse en términos modernos sin recurrir a ellos. Entre ellos se refirió al vocablo “dictaminar”, que la Academia dijo que era innecesario porque bastaba decir “dar un dictamen u opinión”. Pero el neologismo de Ricardo Palma se había convertido en un término forense, documental, mientras que cuando en el ámbito general se decía “expresar una opinión”, la cosa era diametralmente diferente.

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Sea como sea lo que la bibliografía existente dice o deja de decir sobre los neologismos, el término “contextualización” existe en los contextos cultural, social, político, económico, ideológico, etc. Y cuando nos referimos a la “teología pastoral contextualizada” estamos hablando de una formación y de un ejercicio pastoral profesional que surge del contexto latinoamericano en contraste con los libros de texto que circulan entre nuestros pastores, pero que han sido escritos por norteamericanos relacionados con los intereses, las motivaciones, los conceptos y las condiciones reinantes en Estados Unidos.
Piense nomás en el hombre fuerte de las iglesias apostólicas de Estados Unidos, el discípulo Peter Wagner, que con toda humildad nos da su testimonio en su libro Churchquake de cómo por un simple sermoncito de menos de una hora le dan allá una ofrendita de amor de 2,500 dólares, cantidad que un pastor de los nuestros no logra ver en un año de predicación, y algunos en toda su perra vida.

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Recurramos a una ilustración muy expresiva para mostrar cómo la falta de contextualización ocasiona traumas e inquietudes innecesarias:
La Sra. Jody Steiger, Directora del Teatro Nacional de Costa Rica, que fuera terminado de construirse en 1897 en la capital, San José, se refiere en un documental de CNN en Español sobre Costa Rica a uno de los cuadros monumentales de este importante edificio representativo de la nación centroamericana.
Ella se refiere en particular a uno de ellos, tan vistoso que ha sido impreso en el papel moneda en circulación. Fue pintado por un artista italiano que nunca estuvo en Costa Rica, y que presenta a las bellas mujeres ticas vestidas a la usanza de las mujeres españolas de Sevilla.
El cuadro, que trata de la explotación del café, producto bandera de Costa Rica, presenta los cultivos de café cerca de la playa del mar, cuando todo el mundo sabe que el café no se produce en dicho piso ecológico.
Costa Rica todavía carga con una grave disparidad introducida en su identidad y en su valoración nacional, ecológica y económica por este cuadro descontextualizado que imprudentemente se imprimió en el papel moneda, sólo porque se refería al café y abundaba en colorido.
¿Por qué se admitió ese cuadro en el Teatro Nacional?
Porque la sociedad costarricense en aquellos momentos no había desarrollado ni políticos, ni militares, ni intelectuales, ni artistas capaces de producir la contextualización. Como dice Jody Steiger, Costa Rica ni siquiera tiene un prócer de su independencia, ni luchó por conseguirla, porque ella les vino a los ticos como un obsequio, consecuencia de la independencia de Centro América a partir de la gesta iniciada en Guatemala.

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Este comentario sincero nos revela que los que producen la contextualización son actores auténticos:
1. Los que producen la contextualización pertenecen al contexto que se enfoca.
2. Los que producen la contextualización son actores de personalidad definida y madura y de carácter fuerte. Han de ser personalidades fuertes porque tienen que luchar contra la corriente y la tendencia de la moda y la imitación en todo plano (artístico, ideológico, etc.)
3. Los que producen la contextualización defienden y preservan los valores del contexto que les es propio, tratando lo foráneo con respeto pero también con apreciación crítica.
4. En el campo teológico, los que enarbolan el concepto de la contextualización son personas que consideran que el mensaje de Dios y de nuestro Señor Jesucristo tiene necesariamente que crecer en cada contexto étnico, inclusive con ropaje cultural propio, y no ser transplantado de otras latitudes y épocas.
5. Los que enarbolan la bandera de la contextualización saben distinguir en los documentos bíblicos lo que es teológico (digamos, lo inmutable y eterno) y el paquete cultural, que es mutable y pasajero. Ello les ahorra luchar en vano y perder tiempo llegando hasta los extremos del fetichismo.
6. Y en el campo pastoral, los que enarbolan la bandera de la contextualización se identifican con su pueblo, con sus valores, con sus necesidades, con su lenguaje, y con sus responsabilidades que les son propias como es el caso de la financiación de una empresa pastoral que no dependa de factores foráneos, porque la empresa del evangelio ha sido diseñada por el Señor Jesús para surgir de la misma tierra, como dice la Escritura en el Himno de la Contextualización: Emet me-érets tismáj, “la verdad brotará de la tierra”.

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Efectivamente, los versículos 10-13 del Salmo 85, en medio de los cuales se encuentra la expresión hebrea emét me-érets tismáj (la verdad brotará de la tierra) que será de hoy en adelante el lema de la contextualización, pueden ser considerados el Himno de la Contextualización, porque dice:

La misericordia y la verdad se encontraron;
la justicia y la paz se besaron.
La verdad brotará de la tierra,
y la justicia mirará desde los cielos.
Asimismo, el Señor dará el bien,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia irá delante de él,
y hará de sus pasos un camino.

—Este Salmo nos presenta los valores del pueblo de Dios como encontrándose en una cita de amor, que conduce al beso baboso de rigor, a consecuencia de lo cual, a la manera de la germinación de las plantas o del nacimiento de nuestros bebés, la verdad brota de la tierra. Este es el primer eslabón de la vida auténticamente espiritual.
—¿Acaso con un beso baboso se procrea?
—Sí, brother. Salvo que necesites de algo más.

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Enfocando el contexto literario en que aparece el lema de la contextualización, observe cómo la misericordia (hebreo: jésed, el amor divino) y la verdad (hebreo: emét) que interesantemente en hebreo son una palabra de género masculino más una de género femenino y son los elementos activos de la Misión de Dios, se encuentran no en el aire, o sobre un mapa de hule, o sobre una tierra imaginaria o virtual, sino sobre una realidad concreta, donde se produce la siembra, que no es la siembra al estilo de los discípulos Cash Luna y Jonás González.
Entonces, la verdad brota de la tierra, del campo de misión, y la justicia mira desde los cielos, no desde la base misionera de Scotland Yard o de Texas.
Lo que nos llama la atención es la frase que dice que la justicia irá delante de él, es decir, del Señor, y hará de sus pasos un camino. Se trata de la justicia encarnada en alguien de carne y hueso, y de un camino en el suelo. En los términos que define el Lic. Homero Calongos en su Tesis de Grado, se trata de un camino de contextualización dentro de un determinado contexto.
—Pero me pregunto, ¿cómo es que la justicia irá delante de él? ¿No es que debe ir detrás de él?
—No, brother; porque se trata del testimonio cristiano, que abre un camino de justicia que el Señor recorre de buen agrado al pasar revista, o como dice Calongo: “¡Cuando acá se pase lista, a mi nombre yo feliz responderé.”

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La expresión “hará de sus pasos un camino” comunica el mismo criterio del poeta Antonio Machado: “Caminante, no hay camino; se hace camino al andar.” Quizás esto mismo tenía en mente el Apóstol Pedro Arana Quiroz cuando escribió su libro intitulado Teología en el Camino.
Jesús actuó en estos términos, y quienes le siguieron en la primera generación fueron llamados “los del camino”.
Fue después que los griegos los llamaron “cristianos”, para burlarse de ellos, porque “cristianos” significa en griego “ungidos” o untados con aceite, como los anticuchos, que además, son todo corazón.

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