¡YA YA YA!
Por Moisés Chávez
El último libro del Apóstol Trepanación de la Mancha lleva como título, El reino decodificado, y ha circulado en la comunidad de la California Biblical University of Peru gracias a Ediciones CBUP-CEBCAR y al blog de la CBUP que le ha dado difusión universal.
En su presentación en el Aula Magna en Julio del 2009 el autor se refirió a la trillada temática del Reino de los Cielos o Reino de Dios, como que sigue codificada a pesar de haber transcurrido 2000 años y de haberse puesto de moda gracias a la FTL. “Simplemente, los que más hablan de esto, no saben ni papas”, acotó.
—¿A poco no es la Iglesia?
—No Calongo. Ni el milenio, ni un sistema burocrático celestial que remplazará a un sistema burocrático terrenal, donde algunos de vosotros desde ya esperáis que haya pega para recibir alguito.
—¿Y qué del Rey? ¿Acaso no regresará para establecer su reino?
—Las figuras de rey, reino, trono, realeza, cetro, corona, etc., solamente constituyen el atuendo literario estratégico, porque las cosas son más espectaculares de lo que esperas. Se trata de una realidad gloriosa que se consumará en la era escatológica, pero que ya puede darse plenamente en tu vida. Es la mayor de todas las empresas que podamos imaginar; y para empezar, de una cosa puedes estar plenamente seguro. Como dice el Exorcista: ¡Esto no es cosa de mamarrachos!
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Es un hecho que hay cosas que dijo el Señor y están codificadas para nosotros. En el caso del Reino, se debe a que no fue explicado explícitamente en los Evangelios ni en las Epístolas, debido a que en el primer siglo el concepto era supercalifragilísticamente obvio. Además, el Señor solía explicar los conceptos en el círculo íntimo de sus discípulos. Y para hacer las cosas más complejas, su codificación se incrementó con el paso del tiempo y la repetición mecánica propia de la jerga religiosa de quienes se nutren de la liturgia y de la catequesis y jamás dan el salto de fe hacia la reflexión teológica.
—Jesús es un excelente comunicador, y sus palabras significan lo que significan, con toda transparencia. El se da el lujo de que le entiendas, Calongo.
—¡Amén!
—Su mensaje nunca está codificado, salvo raras excepciones en que su propósito evidente es, simple y llanamente. . . ¡tomarte del pelo!
—Pero habiendo llegado a estar codificado, ¿existe alguna pista que conduzca a su decodificación?
—Sí la hay. ¡Sale caliente!
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—¿Decodificarás el Reino de Dios en este tiempo?
—La clave para lograrlo se encuentra escondida en la Oración del Señor. En la versión de Mateo 6:9-13 se encuentra bajo la forma de paráfrasis vertida en paralelismo membrorum de tipo sinónimo y sintético.
—¡Guau! ¿Con qué se come eso?
—¡Fácilongo! No me necesitas a mí, pues es como comerse unas cuantas papitas con ají.
Todo empezó en el Aula Magna de la CBUP en Febrero del 2009, y el Apóstol de la Mancha se refirió a ello en su Discurso de Graduación de la Promoción de los Búfalos en el templo Maranatha. Después, el Rabí Moisés Huanca decidió escribir su Tesis de Grado con el tema de “Hermenéutica y Decodificación”, donde trata de este caso en particular.
Usted recordará en Maranatha, cuando una persona de entre el público no pudo contenerse de emoción en medio del discurso del Apóstol y saltó y prorrumpió en aplausos, porque en ese preciso momento presenció emocionado la decodificación de un texto que había estado codificado por dos mil años, a pesar de su importancia estratégica.
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La exégesis basada en el paralelismo membrorum se ha llevado a cabo para textos sapienciales del Antiguo Testamento, como los de Salmos y Proverbios, pero poco se ha recurrido a ella en textos del Nuevo Testamento, digamos en los Evangelios. En el caso de la Oración del Señor en Mateo, el paralelismo membrorum sinónimo se compone de dos binas:
Venga tu reino
Sea hecha tu voluntad
“Reino” equivale a “Voluntad”, y los verbos “venir” y “ser hecho” también son paralelos y equivalentes y tienen mucho que revelar, misionológicamente hablando.
Y el paralelismo sintético que complementa el sentido de la segunda bina dice:
como en el cielo
así también en la Tierra.
El proceso de decodificación será expuesto a continuación, pero anticipamos la conclusión: “El reino de los Cielos es la dimensión donde la voluntad de Dios se realiza plenamente.”
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El Apóstol se refirió luego a tres parábolas en el capítulo 13 de Mateo relativas al Reino de los Cielos. Empezó por la última, que se encuentra en el versículo 52, pasó a la que se encuentra justo en la mitad del capítulo, y terminó con la primera, la Parábola del Sembrador.
Esta pirueta de acrobacia hermenéutica fue denominada “el sermón al revés” por el Apóstol Pedro Milla Ciriaco, cuando fue presentada en la congregación que él pastorea, la Comunidad Cristiana “Vida Abundante”, de Salamanca de Monterrico.
Esto dice la Biblia Sepharad respecto de la última parábola: “Todo escriba instruido en el reino de los Cielos es semejante a un padre de familia que saca de su tesoro novedades y antigüedades.” —El Apóstol vio necesario recurrir a la Biblia Sepharad, en lugar de la RVA que nos habla de “cosas nuevas” y de “cosas viejas”, porque, dijo: “¿A quién le interesan las viejas?”
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Luego procedió a decodificar el concepto de “tesoro”, y dijo: “Partiendo de la analogía del ‘escriba’, deducimos que su tesoro es la suma canónica de los libros de la Biblia Hebrea o de la Septuaginta, a los cuales se ha de añadir los Evangelios, que no existían aun, salvo en el corazón de los discípulos de Jesús que atesoraban sus palabras y aprendían de él día y noche.”
La parábola se refiere a un escriba instruido en la temática y estrategia del reino de los Cielos, las cuales han sido vertidas en el tesoro de la literatura bíblica. El Señor tiene en mente una persona con dominio de la hermenéutica y de la misionología, que se siente en casa cuando recurre a las Escrituras en cualquiera de sus corpuses literarios. Dijo: “Casualmente, ‘padre de familia’ también se puede traducir ‘dueño de casa’ o ‘señor de la casa’ , porque en el texto griego es ikodespótis, que traduce el hebreo baal ha-báyit.”
Y concluyó: “Jesús es el paradigma perfecto en cuanto al conocimiento y cumplimiento de la Palabra de Dios.”
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Acto seguido, expuso la parábola del versículo 44, que también se refiere al reino de los Cielos como semejante a un tesoro. Pero en el esquema diacrónico del capítulo 13 de Mateo, se trata de un tesoro aún escondido, que todavía no ha llegado a ser propiedad abierta de la familia evangélica. Es ilustrativo que en aquellos tiempos nadie tenía las Sagradas Escrituras en un solo volumen, pues los códices aún no habían sido inventados y sólo se tenía una colección de rollos extensos y costosos.
—El tesoro fue descubierto por quien tuvo la viveza de hacerlo suyo vendiendo todo lo que tenía para comprar el campo.
—El reino de los Cielos es cosa de vivazos. . .
—De astutos. . .
—De inteligentes. . .
—De moscas. . .
—Como dice el Exorcista: ¡No es cosa de mamarrachos!
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El simbolismo se centra en el gran valor que tienen las cosas del reino de los Cielos para quien sabe avistarlo: Puede tratarse de un cofre lleno de joyas, o de una mina de oro, o del valor agregado que dicho campo tendría a corto o mediano plazo por su ubicación; porque allí habría de construirse el Pentágono, o el Pentagonito, o la mansión de Andy Bocanegra.
Pero se refiere al tesoro de la Palabra de Dios, por la cual apostó ese apóstol inteligente. “Y el campo en cuestión”, dijo el Apóstol, “no es otra cosa que el campo o especialidad de la educación teológica”.
Los aplausos se precipitaron como lluvia temprana cuando dio su testimonio:
Cuando yo descubrí ese tesoro, siendo aún un muchacho adolescente, sospeché desde un principio que sólo había visto la puntita del iceberg, y que había más, mucho, mucho más. Y consciente de su gran valor para mi vida y para la vida de mi pueblo, vendí todo lo que tenía para poder viajar a Israel y estudiar la Biblia en la mayor universidad del planeta, Ha-Univérsita Ha-Ivrít Birushaláyim, la Universidad Hebrea de Jerusalem, el único lugar donde podría tocar fondo en el conocimiento y la evaluación de la Palabra de Dios.
Los resultados fueron espectaculares; no como los resultados magros de quienes gastan su vida esperando que les regales una Biblia, y después de cincuenta años en posesión de este tesoro terminan siendo más brutos que cuando empezaron a mirar de reojo la Palabra de Dios. ¡Sin duda ellos ya tienen su recompensa!
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El Apóstol concluyó con la parábola del Sembrador, que de una manera explícita se refiere en Mateo 13:19 a la semilla como que es “la palabra del reino”. El dijo:
De ninguna manera la semilla es tu plata ni tus joyas, que al Señor del universo le importan un bledo y no tiene necesidad de ellas, porque tiene trillones de planetas que son miles de veces más grandes que la Tierra, y son de oro puro. Y se acaba de descubrir en el espacio un diamante un millón de veces más grande que la Tierra y que tiene 10 billones de trillones de trillones de trillones de kilates.
Y los diferentes tipos de terreno en que cae la semilla, no son sólo los que escuchan el mensaje de evangelización, sino los ya convertidos y consabidamente hermanados, entre los cuales algunos tenéis el corazón apelmazado como un camino, o agreste como un pedregal, o peliagudo como una mata de espinos.
Pero hay quienes sí tienen su corazón predispuesto y rinden fruto, el efecto de la Palabra de Dios en sus vidas.
Ojalá lo entiendan los discípulos Cash Luna, Jonás Gonzáles y Rony Chaves de Enlace TV, los inventores del “pacto de prosperidad” en el más pulcro estilo de los pactos con Satanás de los cuales refiere don Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas. No sea que ellos también vendan su “almilla” al diablo y no les vaya tan bien como al tinterillo de la tres veces coronada Ciudad de los Reyes.
* * *
Cuando el Apóstol dijo que el reino de los Cielos es la dimensión donde reina la Palabra de Dios y donde su voluntad se realiza plenamente, no sólo lo decodificó, sino que apuntó al carácter mesiánico del texto de Isaías 55:11, 12:
Porque como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven allá sino después de haber saciado la tierra y de haberla hecho germinar, producir y dar semilla al que siembra y pan al que come, así será mi Palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo cual la envié.
Siendo que “palabra” es en hebreo, davár, y es de género masculino, bien haríamos, como el Evangelista Juan, de escribirla con mayúscula, Davár, y traducirla al griego como Lógos, y ver en este texto de Isaías una profecía mesiánica que se refiere a la Palabra de Dios encarnada: A Jesús el Mesías, quien, según el capítulo 53 del mismo libro del profeta Isaías, tuvo éxito al consumar la Missio Dei, la Misión de Dios, porque fue prosperado en aquello para lo cual fue enviado.
* * *
—Esto puede revolucionar nuestra vida, porque la Oración del Señor dejará de ser repetida como un mantra o con las cuentas del rosario y se empezará a predicar sobre ella en las iglesias evangélicas de manera inteligente, con resultados realmente terapéuticos.
—Yo personalmente haré esto, e incluiré un enfoque pastoral de la Oración del Señor en mi Tesis de Grado que tiene como título “Teología Pastoral Contextualizada”.
—¡Bien hecho, Calongo! Utiliza para ello la versión de Mateo porque su paráfrasis revela que él tomaba notas en las clases del Señor.
—¿Y la versión de Lucas me ayuda?
—Es de gran ayuda, porque es el punto de partida en el enfoque de la ciencia bíblica de la Crítica Textual.
* * *
Como dice Calongo, hay dos versiones de la Oración del Señor: La de Mateo y la de Lucas, que evidentemente es su formulación original, tal como brotó de los labios del Señor, sin la paráfrasis de Mateo. Como observarás, la formulación de Lucas 11:2-4, no obstante ser más breve, es completa desde el punto de vista estructural y conceptual:
Padre [nuestro que estás en los cielos]:
Santificado sea tu Nombre.
Venga tu reino
[sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la Tierra.]
El pan nuestro de cada día dánoslo hoy,
y perdónanos nuestros pecados
porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.
Y no nos metas en tentación,
[mas líbranos del mal.]
* * *
Hemos citado el texto de Lucas tal cual está en la Biblia Científica Reina-Valera Actualizada. Y seguramente te preguntas: ¿Por qué parte del texto ha sido puesto entre corchetes?
Es que esas partes no están en los manuscritos más antiguos del Evangelio de Lucas. La RVA incluye la nota “g”, la cual dice: “Los manuscritos más antiguos omiten la frase entre corchetes; comparar Mateo 6:9, 10.”
—¿Dónde reside, entonces, el valor de la versión parafraseada de Mateo?
—En que nos revela que Mateo ora porque la Palabra de Dios tenga al planeta Tierra como su escenario principal.
—¡Por algo el Señor Jesús equiparó la llegada del Reino de los Cielos con su presencia histórica en la tierra de Israel!
* * *
Sólo faltan dos cositas para que este ejercicio de crítica textual sea perfecto:
Primero, la expresión “venga tu reino”, sin la paráfrasis respectiva, se encuentra en los manuscritos más antiguos de Lucas, como el Códice Vaticano (B), que data del siglo 4, y el Códice Alejandrino (A), que data del siglo 5, y que se encuentra en Londres.
Segundo, la paráfrasis de Mateo en Lucas, “sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”, proviene de una recensión del Códice Sinaítico; no del Códice Sinaítico mismo, sino de un manuscrito uncial fragmentario derivado del Códice Sinaítico y que ha sido designado comoa. Otros manuscritos son aun más tardíos, como el designado K (siglo 9), y X (siglo10).
—Total, ¿quién escribió primero su Evangelio, Lucas o Mateo? ¿Se lo podré preguntar a ellos mismos en el reino de los Cielos?
—Sí, Calongo. . . Pero a lo mejor, ya ni se acuerdan.
* * *
Ahora bien, el cielo es el universo entero, sujeto a las leyes de Dios de manera absoluta e incuestionable. Sólo en la minúscula Tierra la situación es controversial, pero la Palabra encarnada de Dios ha venido, justamente, para consumar la obra de restauración de la Tierra y con ella de toda la Creación.
Es que sólo en la Tierra tenemos al hermano Pedro Picapiedra (Shimón Bar-Yona), terco a cual más como todos los Pedros, quien se mereció el apodo de “Piedra”, no porque tenía buena piedra, sino porque era una piedra. No obstante, como dice el poema:
Eligió a Simón Pariona,
con suegra de yapa,
para que fuese de Roma
¡su Primer Papa!
—O a un terrorista. . .
—O al hijo de un feo. . .
—O a un Judas que le entregó. . .
—Sólo en la Tierra tenemos a un tal Tomás (del verbo “tomar”), quien dijo tartamudeando: “vever para creer.”
—O a los hermanos Juan y Jacob, que eran unos “hijos del trueno”, o como se dice en inglés: Son of a gun!
—O a los doce hijos de Israel, que no eran ningunos santitos. . .
—Sí, pué. El único santo era San Tito.
Sin embargo, apostó a ellos y a ti, oh excelentísimo Calongo, para que participaseis en la gran empresa terapéutica de restaurar la Tierra. Y como aprendemos de la epopeya de Job, el Dios de Israel nunca apuesta a perdedores.
* * *
Y así como Mateo decodifica el Reino de Dios mediante su paráfrasis, los escribas que le sucedieron echaron mano de otro recurso para convertir su versión de la Oración del Señor en la perla más preciosa de la liturgia, al ser sellada con las palabras: “Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por todos los siglos, amén” (Mateo 6:13). El recurso de las doxologías.
—¿Qué? ¿Quieres decir que eso no lo escribió mi Mateo?
—Nop. Lee la nota científica “a” que la RVA cuelga de la palabra “Amén”, al final del versículo 13. Dice así: “Los manuscritos más antiguos no incluyen la frase entre corchetes. Comparar 1 Crónicas 29:11-13.”
—¿Qué significa esto?
—Que este final apoteósico de la Oración del Señor no aparece en los antiguos códices del siglo 4, sino en manuscritos L y K, que datan de los siglos 8 y 9 respectivamente, que se encuentran en archivos de París.
* * *
—No te asustes de las revelaciones de la crítica sexual. Lo que revelan los manuscritos unciales L y K es simplemente que los escribas quisieron adaptar la versión de Mateo a la liturgia, e incluyeron el final doxológico que constituye una síntesis de la oración de David según 1 Crónicas 29:11-13, que dice así:
Tuyos son, oh Señor, la grandeza, el poder, la gloria, el esplendor y la majestad; porque tuyas son todas las cosas que están en los cielos y en la Tierra.
Tuyo es el reino, oh Señor, y tú te enalteces como cabeza sobre todo.
Las riquezas y la honra provienen de ti. Tú lo gobiernas todo; en tu mano están la fuerza y el poder, y en tu mano está la facultad de engrandecer y de fortalecer a todos.
Y ahora, oh Dios nuestro, nosotros te damos gracias y alabamos tu glorioso Nombre.
* * *
—¿Qué te parece, Calongo?
—¡Impresionante! Además, ¡Jesús es el Hijo de David!
—Espérate que tengo algo aun más espectacular para ti. Abre tu Biblia en Daniel 7:14, en el pasaje que trata de la investidura del Hijo del Hombre (versículos 13 y 14). Dice así Daniel el Travieso:
Estaba yo mirando en las visiones de la noche, y he aquí que en las nubes del cielo venía alguien como un Hijo del Hombre. Llegó hasta el Anciano de Días y le presentaron delante de él. Entonces le fue dado el dominio, la majestad y la realeza. Todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es dominio eterno, que no se acabará; y su reino, uno que no será destruido.
—¡Guau!
—¡Di tres veces “guau”, Calongo! Porque las tres palabras, “dominio”, “majestad” y “realeza”, en Daniel (arameo: sholtán, yiqar y malju) son exactamente a las palabras traducidas “poder” “gloria” y “reino” en Mateo. Los que le dieron a la Oración del Señor este final doxológico, quizás a manera de nota marginal en los leccionarios, no solamente actuaron siguiendo las pisadas de Mateo, sino que ellos mismos nos revelan la genialidad de su fe y de su involucramiento en el reino de Dios.
* * *
—Y como el reino de los Cielos es la dimensión en que se cumple la voluntad de Dios, también termina la Oración del Señor diciéndonos por qué es posible que se cumpla y que nuestra oración sea respondida: Porque de él es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
—¡Guau! ¡Termina en “Amén”!
—Se trata de una realidad gloriosa que ya puede darse plenamente en la vida de todos los que pronunciamos la Oración del Señor ansiosos de que el nombre de Dios sea santificado por nuestro testimonio personal. Porque como sabes, en la expresión “reino de los Cielos” la palabra “Cielos” (en hebreo: Shamáyim), sustituye a la palabra “Dios” en el habla de los judíos piadosos.
—¡A partir de ahora, hasta el creyente más sencillo entenderá todos los pasajes donde se hable del Reino de los Cielos o del Reino de Dios!
—No cabe, pues, referirse al Reino de los Cielos como lo hace René Padilla, con la analogía del coitus interruptus, como que es “¡ya-ya-ya!, pero todaviiía no”. Y como para el 99.09 por ciento del pueblo de Dios aún sigue codificado, lo hemos decodificado ya, ya ya, y de una vez en el Aula Magna de la California Biblical University of Peru.
—Como dice el Apóstol Mario Moreno Cantinflas: “¡Allí está el detalle!”
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