RESCATE EN TV

Por Lili Ester Chávez Peña

Me encontraba en medio de una selva oscura, exhausto a causa de mi intento de encontrar un claro que me permitiese atisbar el mundo exterior.
Estaba solo, rememorando los momentos refrescantes del hogar, que se hallaría en algún lugar distante, ¡quién sabe cuán lejos de mi condición actual!
Y me agobiaba mi amargura contra mí mismo, por haberme dejado conducir tan lejos y haber sido abandonado en este desolado lugar.
Entonces percibí un claro, y de repente los rayos del sol cubrieron de rayas el frente de mi cuerpo.
Luego se produjo una intensa claridad que empañó mi visión.
Y no pasó un segundo hasta que se hizo visible el extremo fantasmagórico de la hélice de un objeto celestial que revoloteaba como si intentase cerciorarse de mi ubicación exacta.

* * *

Me abrí paso hacia donde se hacía más extensa la abertura en la bóveda del negro follaje, y vi descender el helicóptero en un descampado relativamente reducido.
El piloto se quedó inmóvil en su asiento mientras se abría la portezuela y se hacía visible la figura de una hermosa extraterrestre vestida de apretados jeans. Saltó a la reseca superficie de tundra y decididamente caminó hacia mí.
El combate de reflejos aún hacía difícil mi visión, adaptada ya a las tinieblas de mi soledad. Por eso no distinguí más hasta que ella se detuvo y tomando mi mano me dijo:
—Yo he venido por ti, papá. Todo se acabó.
Era mi hija, Lili Ester, a quien no veía desde hacía un año, desde que la vi subir a un avión de AeroSur rumbo a Santa Cruz, para de allí remontar vuelo a los Alpes de Europa.
Yo tenía planeado volver a casa tras una semana de actividades en Colombia. Volaría a la ciudad de La Paz, donde me esperaría mi hija recién llegada de su intercambio escolar en Suiza. A ella ansiaba ver si acaso pudiese escapar de mi prisión.
¡Casi un año sin ver a quien es la delicia de mis ojos!

* * *

Mi sueño fue muy breve. Se redujo a la visión del helicóptero rojo de la Cruz Blanca que tras un breve revoloteo descendió en medio del alboroto de hojas resecas y frescas que sirvieron de pica-pica y celebración. Luego el descenso de ella, y sus palabras cuando me tocó: “Yo he venido por ti, papá. Todo se acabó.”
No hubo más; sólo una extraña sensación de miedo y ansiedad.
Presa de semejante descarga de emociones acudí a la universidad CBUP para la noche de apertura del COMED, el congreso de educadores convocado por el CEBCAR. Había tomado las precauciones para llegar con mucha anticipación, porque habría detalles que coordinar siendo yo quien daría el discurso de orden.
El día anterior había solicitado de mi secretaria que enviara un email de mi parte a los organizadores de mis actividades en Colombia para la semana siguiente. Ella quedó pasmada de que yo cancelara mis compromisos contraídos con la gente de POLISUR y el Grupo T8.
La razón era que estaban programando actividades para tres semanas, hasta la segunda semana de agosto, cuando el compromiso era por sólo una semana a partir del 20 de julio.
A esto se añade que se sintieron libres para anunciar “conferencias magistrales” mías en cinco ciudades, a la manera de Miguel Angel Cornejo o Carlos Cuauhtémoc Sánchez, a 50 dólares por persona, pero no de una hora o dos, sino de ocho horas, ¡desde las 7.30 de la mañana hasta las 3.30 de la tarde! ¿Qué más me aguardaría en las tardes y en las noches? a causa de tanto abrir la boca? ¡Vaya usted a saber!
A esto se añade que anunciaban que expondría una temática que jamás pasó por mi cabeza.
A esto se añade la posibilidad de que a última hora me hicieran comprar mi boleto aéreo a Bogotá con el cuento de que después te lo reenbolsamos.

* * *

Y a todo esto se añade el peligro de caer víctima de la mortal epidemia de la Gripe A como consecuencia del desgaste por viajar y hablar sin tregua.
Había el precedente de una extraña gripe, denominada “Fiebre Charapa”, de que fui víctima tras mis excesivas actividades en Iquitos, que me produjeron una afección pulmonar que demoró más de dos meses para desaparecer. El mal me habría sido contagiado por un desconocido que acomodaron junto a mi cuna en la última noche. A pesar de que su nariz parecía catarata, no me dejó dormir con su cojuda conversación.
La ida al aeropuerto para emprender mi vuelo a Lima me libró de semejante remuneración. Pero el guardar cama retrazó mi viaje de regreso a La Paz por diez días. Aun conservo como souvenir una cajita de Triapen Forte, antibiótico bactericida que me fue aplicado mediante inyecciones intramusculares interdiarias, después que se descartó que se trataba de tuberculosis.
En todo lo demás fui tratado con cariño, como dice el poema:

Niño en cuna,
viejo en cuna,
¡Qué fortuna!
* * *

En la oficina de la universidad encuentro a Silvia Olano, la secretaria, y a Carmen Espinoza, la coordinadora general del COMED, en los últimos ajetreos, presas de un nerviosismo que no podían disimular.
Les comparto mi ansiedad y les cuento mi sueño, de cómo mi hija acudió a mi rescate en un helicóptero de la Cruz Blanca. ¿Acaso sería una premonición?
Ellas me escuchan sin prestar mayor atención.
Luego me dirijo al cuarto de baño, y cuando afloro aliviado, se apresura a mi encuentro Carmen, y me dice:
—¡Doctor, tiene una llamada de Lili, desde Suiza!

* * *

Pocas palabras. Pero suficientes para anularme por completo, justo cuando necesitaba pararme firme sobre mis pies en la plataforma del COMED.
¿Qué le habría ocurrido a mi pequeña para que me llamara a la oficina de la universidad?
Después me lo contó: “Llamé a mi mamá a La Paz, para pedirle el teléfono de los tíos Lázaro y Edith en Lima. Luego les llamé a ellos, y me dijeron que estabas en la universidad, y que no sabían el teléfono de tu oficina. Volví a llamar a mi mamá para pedirle el número de tu oficina, y te llamé.”
Llamó justo después de que yo acababa de contarles mi sueño a Silvia y a Carmen.
Pocos minutos después llegaría Carlos Bautista, el Jaimito Sabelotodo de la CBUP, el primero en escuchar de mi boca el montaje de todos los detalles de esta inquietante historia.
Después se enterarían los demás.

* * *

Pero, ¿qué razones tendría mi pequeña para llamarme en vísperas de su viaje de retorno a Bolivia?
¿Algún problema de último momento en la conexión de sus vuelos?
¿Algún problema de salud?
¿Alguna cosa que requería mi urgente intervención como padre?
Estas preguntas aun no tenían formulación en el momento en que tomé el fono para responder a su llamada. Pero ella me dijo:
—No hay ningún problema, papá. Sólo que se me ocurrió llamarte para decirte que te estoy llevando muchos regalos, tanto de Suiza como de España. ¿Quieres que te diga de qué se trata? Mejor no te lo digo, para que sea una sorpresa.

* * *

Efectivamente, entre otras cosas lindas me trajo de Toledo un polo rojo con la figura caricaturezca de Don Quijote de la Mancha y su asociado, Sancho Panza, un regalo que se asocia con mi apelativo en la comunidad de la CBUP, donde soy conocido, nada más ni nada menos que como “Don Trepanación de la Mancha” o “el Caballero de Alegre Gigura y Pancita Sexy”. —“Trepanación”, a causa de los resultados maravillosos de mis operaciones quirúrgico-espirituales en el CPU de los estudiantes de la CBUP, a la manera de los antiguos neurocirujanos incas. Y “De la Mancha”, no por alguna conexión familiar con el Caballero de la Triste Figura, sino porque son muchos mis éxitos de trepanación, o como se dice en el argot limeño, “son una mancha”.
Y no se queda atrás la asociación que se suele hacer de mi persona con el gordito de las locas aventuras quijotescas. Me refiero a Sancho Panza, pastor de púlpito incorporado. Todos comentan acerca de mi pancita sexy, a la cual halago cariñosamente para que quiera amortiguar las vibraciones que pudiesen afectar mi laptop en mis largos viajes por tierra..

* * *

También me trajo una estatuilla del Oso y el Madroño, inspirada en el escudo de armas de Madrid, una miniatura del monumento levantado en la plaza de la Portada del Sol. Era el regalo de mi sobrino favorito, el doctor Iván Valenzuela Chávez, afamado cirujano estético de las estrellas, aludiendo a mi conexión histórica con el simbolismo que encierra. Porque yo fundé el Centro de Estudios Bíblicos “Casiodoro de Reina”, en memoria de quien tradujera la Biblia al español, cuya cubierta tenía el oso y el madroño.También soy el editor de la Biblia Científica Reina-Valera Actualizada (RVA), cuyo ancestro literario es la Biblia de Reina, o Biblia del Oso.
A propósito, les pregunté a un par de borrachos que estaban sentados en una banca cerca del monumento y junto a un arbusto de madroño, por qué el escudo de armas de Madrid tenía tal diseño, y qué conexión podía haber entre un oso y se arbusto. Y esta fue su explicadión: “Err que antiguamente puerr habían orrorr en Madrid, y lerr gurrtaba lorr frutitorr del madroño, porque lerr emborrachaba. Por erro rre paraban de patitarr para alcandarlorr y comérrrelorr, porque a lorr condenáurr lerr gurrta puerr la borrachera, exactamente como a lorr de Delendín.”
My God! Por eso yo evito pasar por España. . . ¡no sea que se eche a perder mi lindo español!

* * *

La inauguración del COMED fue espectacular, gracias a la llamada de mi hija. Igualmente, la última semana de mi estadía en Lima sería de lo más placentera, porque pronto me vería en los brazos de mi hija adolecente y de Amanda, mi amada mujer.
Cancelé mi asistencia a la Ceremonia de Acción de Gracias por el Perú con motivo de las celebraciones de nuestra independencia, la cual se llevaría a cabo con la presencia del señor Presidente Alan García y de los principales miembros de su gobierno. Tal acto importante lo vería ya en La Paz mediante una transmisión en vivo de TV-Perú.
Y el día del viaje, el Apóstol Carlos Terrazos Contreras, Rector de la CBUP, y varios profesores y alumnos, aparecieron en el terminal para vernos subir al bus de Transportes Ormeño a vuestro servidor y al Boliche Mosca, como llaman con admiración en la CBUP a Moisés Huanca, estudiante de grado procedente de Bolivia.
Y a la altura de Lurín nos ponen ese video, que desde el primer momento cautivó mi atención, porque sus escenas iniciales me parecían conocidas. Liam Neeson, el actor principal, era nada más ni nada menos que de mi artista preferido. No cerraría mis ojos ante cualquier film de Robert Williams, o de Anthony Quinn, o de Barbra Streisand, o de Liam Neeson.

* * *

Su nariz reconstruida me es bien conocida, como me es conocida su trayectoria genial
Nacido en una humilde familia católica de Irlanda del Norte, Liam Neeson tiene una trayectoria espectacular:
Su porte atlético y realmente sexy no ha sido afectado por la tragedia que le ocurrió en su juventud, cuando era boxeador: Como se nota, su mariz fue rota. Más bien, esto le serviría más tarde en su desempeño como actor, sobre todo en sus films de acción y violencia.
Su trayectoria pasa por la Universidad de Gaiety School y por diversas escuelas de teatro, siendo su primera actuación cinematográfica en 1973, en el film “El Progreso del Peregrino”, basada en la creación literaria de John Bunyan.
Su larga trayectoria —que también pasa por su actuación como la voz de Aslan en la representanción cinematográfica de las Crónicas de Narnia, de C. S. Lewis, y su personificación de Jean Valjean de la novela Los Miserables de Víctor Hugo—, alcanza su pico más alto en 1993, con su personificación de Oskar Schindler, el industrial alemán católico que actúa como nazi para salvar a cientos de judíos de ir a parar en las cámaras de gas. El director, Steven Spielberg, denominó a su obra cumbre de cinematografía, “La lista de Schindler”.
Ahora empezaba a ver por segunda vez su film “Persecución Implacable” (en inglés: Taken), estrenado en 2008. El hace de Bryan Mills, un espía o ex agente secreto de Estados Unidos cuya hija, Kim, de 17 años, es secuestrada en París por una banda de albano-kosovares que se dedica a la trata de blancas, para luego ser vendida a un magnate árabe al cuantioso precio de una virgen.
¡Es inimaginable la destrucción que ocasiona un solo hombre para salvar de la muerte a su hija amada!

* * *

La violencia extrema de “Persecución Implacable” atrajo mi atención en medio de tantos videos que nos pone la terramoza al servirnos nuestros alimentos, videos con horripilantes escenas de sangre y violencia para abrirte el apetito y alejar tu mirada del consabido arroz con pollo de pésima calidad.
De rato en rato, el Boliche Mosca vuelve recatadamente su mirada hacia mi rostro. Yo me doy cuenta de ello, a pesar de que mi mirada está fija en los detalles del film. No obstante, nuestras mentes están conectadas por un extraño filamento telepático.
No nos hablamos una sola palabra hasta el momento cuando Kim le dice a su padre: “You came for me!” (¡Tú viniste por mí!).
Entonces yo salto de mi asiento y le digo:
—¡Esa frase! ¡Tú viniste por mí! Eso, pero al revés, es lo que me dijo mi hija en mi sueño: “¡Yo he venido por ti, papá!”

* * *

Ha tenido que transcurrir mucho tiempo en la aventura de decodificar los misterios del alma humana hasta que Sigmund Freud, el sexagenial psicólogo judío, reveló que el alma humana y su CPU, el cerebro, tenían una dimensión escondida que llamó “inconsciente”, para contrastarlo con la dimensión “consciente” que experimentamos en el estado de vigilia.
El inconsciente, que aflora en nuestros sueños, o bajo hipnotismo, y a veces también cuando estamos despiertos, se asemeja al back-up, el documento que se graba automáticamente a medida que escribimos o editamos el mismo documento en el monitor de nuestra computadora. El back-up podemos hacer visible en la pantalla con el comando apropiado. ¡A cuántos nos ha ocurrido que tras perder un documento por aplastar una tecla equivocada, ha sido posible recuperarlo a partir del back-up, aunque en su estado editado hasta el último save que digitamos antes de perderlo.
A pesar de que Freud no disponía de la analogía del back-up de la informática computarizada, nos dio las pautas necesarias para explorar el ámbito misterioso del inconsciente, tantas veces plagado de traumas, conflictos y ansiedades, en su mayoría de origen sexual. Las mismas pautas conducen a la terapia mediante la técnica que Freud implementó y denominó “Psicoanálisis”.

* * *

—¿Sería una afloración de mi inconsciente la causa para que yo saltara de mi asiento al escucharle a Kim (personificada por la joven Maggie Grace), decirle a su padre: “You came for me”? —Digo en voz baja.
El Boliche Mosca lee mis labios y se muestra intrigado ante mis palabras.
Le explico:
—¡Esa frase! “¡Tú viniste por mí!” Eso, pero al revés, me dijo mi hija en mi sueño: “¡Yo he venido por ti, papá!” ¿No sería que se grabó en mi inconsciente cuando vi este film la primera vez? Porque de alguna manera el film comunica mi preocupación ante el viaje de mi hija de 16 años a Europa, solita, lejos del alcance de mi celo protector. . .
El Boliche me escucha asombrado, y le sigo hablando:
—¡Este video! Yo recuerdo haberlo visto aquí, en el bus de Ormeño. . . Creo que fue hace un año. . .
Y me asombran sus palabras:
—Sí doctor. Fue exactamente hace un año. . .
—¿Y cómo sabes tú?
—Porque yo viajaba al lado de usted. Vimos el video juntos, y lo comentamos brevemente.
—¿Y qué comentamos? ¿Te acuerdas?
—Sí doctor. Usted manifestó que su hija Lili había viajado a Suiza en intercambio escolar por AFS (American Field Service), y que usted se sentía muy nervioso, estando expuesta a peligros como los escenificados en este film
—Sí, ahora recuerdo que así fue.
—Es más, usted comentó que sería una premonición el hecho de que Bryan en la vida real tuviera tanto parecido a usted.

* * *

Gracias a Dios mi hija tuvo un tiempo grandioso en Aarau, Suiza, en el seno de una familia muy especial, los Debrunner. Y ha regresado con una nueva perspectiva de la vida, con una motivación especial hacia su madre y hacia mí. Pero la premonición del film queda en vigencia ante sus planes expresos de volver a Europa para servicio comunitario en Bélgica.
En el terminal en La Paz, fue a Lili a quien vi primero. Y cuando entramos en el auto, el Boliche se acerca y me dice:
—No se olvide, doctor, de su promesa. . .
—¿Cuál promesa?
—Usted me ha prometido escribir la historia. . . Tengo inquietud por leerla, porque involucra mi testimonio. Me involucra a mí. . .
Le respondo:
—Lo haré de inmediato, para no olvidar ninguno de sus detalles.
—Entonces le visitaré el domingo.
Y Amanda me pregunta:
—¿Les ha ocurrido algo en el viaje? ¿Qué les ha ocurrido?
En casa ella no deja de dar vueltas, tratando de atisbar el monitor.

* * *

No recuerdo haber pensado en qué selva me encontraba, ni de haber subido al helicóptero, ni de haber llegado a salvo a algún puesto policial cercano fuera de la vorágine, ni de mi retorno a casa. Pero esas fugaces escenas oníricas bastaron para ocasionarme un intenso escalofrío cuando vuelvo a ver por Cable Televisión, por enésima vez, el video del rescate de la Sra. Ingrid Betancourt, ex-candidata a la presidencia de Colombia. Ella y catorce rehenes de las FARC fueron rescatados tras permanecer cautivos largos años en la selva colombiana. Fue un operativo peligroso coronado con un éxito espectacular para el Ejército de Colombia y para la humanidad, y un gran descalabro para los plagiadores comunistas.
—¿Qué te produjo escalofrío esta vez? —Me pregunta mi hija.
—El helicóptero del rescate de Ingrid Betancourt. . . ¡Lucía el distintivo de la Cruz Roja!
Y ella exclama con asombro:
—¡Y el helicóptero de tu sueño estaba pintado con la bandera de Suiza, cuyo diseño es similar al de la Cruz Roja, como si fuera su negativo!
—¡Y tú venías de Suiza!

NOTA: El título de esta historia implica una asociación subliminal con el título del film “Rescate en Entebe”, que proyecta la acción de los israelíes para rescatar a sus hermanos rehenes en el aeropuerto de Entebe, Uganda.

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